El cordero, o eso decían, se comió al lobo, o eso decían. Un Barça que no pisaba los cuartos de final de la Champions desde hacía cuatro años, vapuleado cruelmente por Europa en sus últimas excursiones, se plantó en París para proclamar un “aquí estoy yo” tan inesperado como emotivo. Regresó el club blaugrana a la élite tumbando la puerta del Parque de los Príncipes, ratificando una revolución en la ciudad que mejor las conoce, proclamando una candidatura que hace un par de meses sonaba a cachondeo. Prosigue el Barça de Xavi su inopinada mejora, esta vez en un escenario y ante un rival que no permite lecturas que atenúen el éxito, contra un PSG dopado económicamente, con estrellas como Mbappé y un entrenador top. No hay enmiendas a la función culé. La afición parisina preparó una fiesta lujosa y un viejo invitado se la fastidió. Falta un segundo episodio, claro está. Montjuïc dictará sentencia el próximo martes y el PSG puede tiene potencial para cualquier cosa. Pero la reconstrucción de la que habló Xavi con tozudez y a contracorriente, va tomando cuerpo. Europa vio a un Barça del que enorgullecerse. Un 2-3 en París llama mucho la atención.
El Barça revoluciona París y se acerca a las semifinales de la Champions