Cuarenta y cuatro años sin gol. Así se podría resumir la rivalidad entre Inglaterra y España, dos clásicos del fútbol europeo que curiosamente apenas se conocen al más alto nivel. Dos partidos en Mundiales (1950 y 1982) y otros dos en Eurocopas (1980 y 1996) parecen un bagaje de lo más escaso para dos selecciones que llevan tantos años en el escaparate –se han medido dos veces más en la Nations League hace seis años, pero su bisoñez impide considerarla aún como una competición de máxima entidad–. No solo eso; además, en sus dos últimos cruces en grandes torneos, en Wembley en el 96 y en el Bernabéu en el 82, el marcador se quedó a cero. El domingo, en Berlín, se verán por primera vez las caras en una final con el gol como asignatura pendiente.

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