Doce años después siguen en la élite. No solo eso. Están más convencidas que nunca. Ya no son unas advenedizas, como en Londres 2012, cuando asaltaron el podio por sorpresa. Ahora ya llevan más de una década aspirando a todo. Son conscientes. Asumen el reto. Es más les gusta. Las medallas son su gasolina. Son las mujeres del waterpolo español. “Estamos aquí a por el oro, no queremos una plata, no la firmamos”, espeta Anni Espar, desde la villa olímpica de París. En la mesa comparte micrófonos con Pila Peña, Maica García y Laura Ester. La miran y también asienten. En la sala, sentado junto a los periodistas, el seleccionador, Miki Oca. “La preparación ha ido muy bien”, admite el técnico después. Lleva 14 años al frente de la nave y la química se mantiene. “Es un muy buen entrenador, nos llevamos muy bien con él tanto a nivel técnico como en el aspecto grupal”, dice Espar, que añade: “Con nuestro trabajo nos hemos ganado el derecho a creer en lo máximo”.

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