Todos los equipos del mundo tienen una derrota traumática de esas que pasados los años siguen escociendo. Con suerte, ya nadie se suicida en masa, como sucedió en Brasil con el maracanazo del Mundial 1950, y en el mejor de los casos se convierten en enseñanzas. ¿Fue la semifinal en Milán ante el Inter la pasada temporada una de esas derrotas traumáticas? No, pero debería serlo porque ayer se repitió la historia.

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