Raphinha marcó los tres goles del Barça en el viejo Nervión, magníficos los tres, y estuvo a punto de añadir uno más igual de exquisito, pero el palo impidió el gol olímpico. El hombre está sembrado. Doce goles en siete partidos de Liga lo dicen todo. Definen, además, las peculiaridades de un jugador decidido a romper tópicos. A la hinchada le preocupaba la ausencia de delanteros centro en la plantilla, pero ahora la afición se fuma un puro.
Asterisco al Balón de Oro